jueves, 27 de febrero de 2025

"Cancionero Cervantino", de Enrique Vázquez de Aldana



Miguel de Cervantes Saavedra nació el 29 de septiembre de 1547 en Alcalá de Henares. Cuatrocientos años después, en 1947, se publicaron numerosas obras con motivo el cuarto centenario de su nacimiento. Una de ellas fue este Cancionero Cervantino que recopiló Enrique Vázquez de Aldana, poeta cordobés nacido en la segunda mitad del siglo XIX y fallecido en Madrid en 1957. 

Vázquez de Aldana abre el libro con una loa a Cervantes: «Todo te pertenece, creador sin segundo, que fulguras con luz propia en la brillante constelación que forman Homero, Dante, Shakespeare, Milton y Virgilio… Tuyos son los inmarchitos laureles que perduran el en planeta, siempre fragantes, siempre lozanos…» 

El Cancionero Cervantino recoge los poemas de autores que, desde el Siglo de Oro hasta el momento de la publicación, dedican sus versos al genio complutense y a su inmortales personajes. De entre los más de ochenta autores reconoces los nombres de Quevedo, Rubén Darío, Menéndez Valdés, Pedro Luís de Gálvez, José Zorrilla, Javier de Burgos o los hermanos Álvarez Quintero. 

Quevedo titula el poema Testamento de Don Quijote
«Que embalsamado me lleven 
a reposar a la iglesia 
y que sobre mi sepulcro escriban 
esto en la piedra: Aquí yace Don Quijote 
el que en provincias diversas 
los tuertos vengó, y los bizcos 
a puro vivir a ciegas. 
A Sancho mando a las islas 
que gané con tanta guerra 
que si no queda rico 
aislado a lo menos queda…» 

Destaca la minoría absoluta de cuatro mujeres. Son Josefa Vidal de Leyva (1883-1908), Joaquina García Balsameda de González (1837-1911), María del Pilar Contreras (1861-1930) y Carolina de Soto y Corro (1860-1930). 

De María del Pilar Contreras se incluyen tres sonetos dedicados a tres de las figuras femeninas del Quijote: Dulcinea, Marcela y Maritornes. A las dos primeras las pinta como mujeres de gran belleza, aunque la primera más ideal y más pura, y la segunda más real y pecaminosa. 
«Mujer soñada que la mente crea 
para que el amor le rinda pleitesía, 
la vista en su belleza se extasía, 
 y el alma en sus virtudes se recrea», dice de Dulcinea. 
De Marcela: 
«Sus labios que al hablar destilan mieles 
producen en las almas hondos males 
sus ojos de miradas celestiales 
a fuerza de ser bellos son crueles». 
La pobre Maritormes se lleva la peor parte. En el segundo verso del soneto la llama «zafia fregona de grotesca hechura». No contenta con eso, continúa: 
«Te representas, moza descuidada 
por el amor a veces mal traído 
con tu olor a ensalada trasnochada.
Y tu burda camisa percudida.
La realidad grosera y descarnada.
La prosa miserable de la vida». 

Encuentras que Josefa Vidal se acercó a los círculos modernistas de principios del siglo XX y que publicó tres poemarios, y que su prometedora carrera se truncó muy joven, en 1908, cuando encontró la muerte tras su tercer parto. De esta joven autora cordobesa son estos versos, imbuidos del pesimismo existencial de los autores de la generación del 98: 
 «¡Qué bien hicieras, inmortal Don Quijote 
en volver a enristrar tu aguda lanza 
y en Rocinante cabalgando al trote 
en nueva lid entrar, cual fiero azote 
con tu fiel escudero Sancho Panza […] 
Ve como gime y sufre el desvalido 
Que en vano al poderoso el bien suplica; 
y ve como el imperio yace hundido 
de la pobre mujer que aún no ha sabido 
conquistarse el lugar que Dios le indica […] 
Sácanos de este obscuro y hondo abismo; 
Oye la tempestad que fiera acrece; 
Mira cuál se desquicia el honor mismo 
¡Ve que nos hace falta tu altruismo 
 para salvar al mundo que perece!» 

Otras sorpresa inesperada en este cancionero son los versos de Pedro Luis de Gálvez, poeta anarquista de la bohemia que acabaría fusilado en abril de 1940. Sorprende que Enrique Vázquez de Aldana incluyera el poema de este enemigo del régimen franquista cuando aún no había pasado ni una década del final de la guerra, aunque sin duda el soneto merecía ser incluido: 
«Desdichado poeta, genial aventurero; 
con la fachada grotesca, de cartón la celada; 
sin razón, sin camisa, sin gloria, sin dinero 
bajo el sol de Castilla por la encendida estrada. 
Lo traicionaron todos; el cura el barbero, 
la sobrina y el ama y en la venta encantada 
dos mozas del partido lo armaron caballero 
le calzaron espuelas y ciñeron espada. 
Luego que el posadero le dio el espaldarazo, 
salió a probar el temple de su acero y su brazo 
retando a los gigantes a singular pelea… 
Tuvo por solo premio, la burla y la derrota, 
Y en tanto que el buen Panza se abrazaba a la bota 
Don Quijote moría de amor por Dulcinea…».




Autores del Cancionero Cervantino












martes, 18 de febrero de 2025

"Vida de Cervantes", de Manuel de Montoliu


En el año 1947, con motivo del cuarto centenario del nacimiento de Miguel de Cervantes, Manuel de Montoliu escribió Vida de Cervantes. La publicó Seix Barral en una colección de biografías de personajes ilustres. Se tuvo que vender bien porque la edición de este Cervantario es la novena, publicada en 1949. Se trata de una biografía breve, de ochenta y siete páginas, destinada a los jóvenes de la época, encuadernada en pasta dura con letras doradas en huecorrelieve y con algunas páginas en su interior en papel couché que recogen imágenes relacionadas, más o menos, con Cervantes y su obra. 

Como señala Juan Palau en el prefacio: «Esta colección tiene por objeto poner de manifiesto el grado supremo de la actividad y la nobleza humanas, para que los jóvenes, tan inclinados por instinto a admirar todo lo que significa esfuerzo viril y heroísmo, gocen en la lectura de los hechos magníficos engendrados por el amor a la patria, el severo sentimiento del deber, el valor personal, el desprecio del peligro, la noble ambición, la encendida religiosidad o las maravillosas creaciones de la inteligencia». Aquí se enuncian claramente los valores del nuevo régimen dictatorial establecido ocho años antes, tras la victoria de Franco en la guerra civil. A Cervantes lo enmarcarían en la última de las premisas citadas. 

Manuel de Montoliu nació en Barcelona en 1877. Fue catedrático de literatura castellana en la Universidad de Barcelona y también lo fue en Buenos Aires en los años veinte. De familia aristocrática, Montoliu se posicionó en el bando franquista durante la guerra. Tenía setenta años cuando se publicó esta biografía, que no está entre sus obras más destacadas, pues seguramente fue un encargo de la editorial para llenar el hueco y aprovechar el centenario del nacimiento del autor del Quijote

La biografía se centra en los episodios más conocidos del escritor, obviando por completo los más controvertidos, como la trifulca que le llevó a salir de España en su juventud. De hecho se saca de la chistera que «El cardenal Julio Acquaviva conoció en Madrid a Cervantes y prendóse de sus buenas cualidades de hombre y de escritor, y aceptólo gustoso en su servicio. Así fue como Cervantes , hecho camarero de Julio Acquaviva, salió de España para Italia en diciembre de 1568». 

No tuvo que ser fácil para Manuel de Montoliu tapar al antihéroe de Miguel de Cervantes, a quien la mala estrella persiguió durante toda su vida, para destacar su heroísmo y su gloria. Es dudoso que su errante vida, con el duelo y posterior huida, el cautiverio argelino, las dos (tal vez tres) estancias en prisión, sus penurias económicas, y con una hija extramatrimonial de por medio, encajase en el modelo de ejemplo para la juventud que pretendían los próceres del régimen. Salvo su participación en la batalla de Lepanto contra los turcos, el heroísmo de Cervantes, y esto es lo que trata de resaltar Montoliu escondiendo todo lo demás, consistió en dedicarse finalmente a la literatura pese a todo. 

En las páginas finales, el biógrafo catalán resume así la vida del autor madrileño: «Cervantes pasó por el mundo obscuramente; tuvo sus amigos y adversarios como cualquier mortal; tuvo más desdichas que venturas y más penas que glorias, Tuvo también sus debilidades humanas y sus pasiones. Pero en medio de su vida agitada de soldado, de cautivo, de funcionario y de poeta menesteroso; en medio de su duro batallar con el destino, supo tener el heroísmo de resistir a los golpes de la fortuna y cumplió su misión, vertiendo por el conducto de su pluma, en sus obras inmortales aquel tesoro de que su cerebro era único depositario».




martes, 11 de febrero de 2025

"Cervantes en Barcelona", de Martín de Riquer



Martín de Riquer
es uno de los filólogos cervantistas más importantes, seguramente el más conocido junto a Francisco Rico. Suya fue la primera edición comentada que leíste del Quijote. Este ilustre barcelonés, que vivió casi cien años (1914-2013), fue Catedrático de Literatura de la Universidad de Barcelona y miembro de la Real Academia Española de la Lengua desde 1965. Sus estudios y publicaciones versan fundamentalmente sobre el mundo caballeresco medieval, y, por supuesto, sobre el Quijote y Cervantes. Este librito de tu Cervantario, de 132 páginas, que publicó Acantilado en 2005, es una reedición del publicado por la editorial Sirmio en 1989. Cervantes en Barcelona recoge a lo largo de diez capítulos las investigaciones de Martín de Riquer sobre el tema. Ante la escasísima documentación histórica existente, el filólogo analiza los pasajes de la obra de Cervantes en los que aparece Barcelona, con sus lugares, personajes y acontecimientos, y los compara con las noticias históricas existentes sobre la ciudad en el tiempo cervantino. 

En una de las paradas del trayecto investigador, Martín de Riquer aborda la cronología interna del Quijote. Según Riquer, la acción del Quijote transcurre en el verano de 1614. Esta afirmación procede de las continuas vaguedades cronológicas de Cervantes, hasta que en la segunda parte no le queda más remedio que situar la acción después de la publicación del Quijote de Avellaneda, es decir, a mediados de 1614. «Cervantes se propuso responder a su rival y desacreditarlo desde su misma novela. Por lo que la acción de esta no podía ocurrir antes de la aparición de la continuación apócrifa». Si tenemos en cuenta que pasa un mes, más o menos, entre la segunda y la tercera salida de don Quijote de su aldea, no queda otra que aceptar que la acción del Quijote se desarrolla en el año 1614, dándose la paradoja de que el célebre “no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo…” del inicio de la primera parte, se desarrolla en realidad en un tiempo futuro, es decir que lo escrito antes de 1605 tiene lugar nueve años después, pero claro, cuando Cervantes escribió la primera parte todavía no lo sabía. «Esto era perfectamente posible porque en la primera parte no afirmó nunca en qué año ocurría la acción. Él gobernaba en su libro, y su cronología tenemos que determinarla desde atrás: desde el momento que Sancho escribe a su mujer el 20 de julio de 1614, hay que concluir que las aventuras de don Quijote a partir de la primera salida se iniciaron en el verano de aquel mismo año». 

En Cervantes en Barcelona se abordan aspectos como la conocida Casa de Cervantes de Barcelona, las galeras del puerto, las fiestas populares o el bandolerismo catalán de la época, con Perot Rocaguinarda, el Roque Guinarda del Quijote. Concluye Martín de Riquer que Cervantes pudo visitar en dos ocasiones la ciudad Condal, una en 1569 y otra en 1610. La primera, tenía 22 años. Es posible que huyendo de la justicia real tras tener el altercado con el tal Sigura, funcionario del rey al que dejó malherido, recalara en Barcelona unos días antes de embarcarse a Italia. Esta ocasión es la que utiliza Carlos Luria para armar la trama de El hidalgo que nunca regresó. La segunda, más plausible que la primera, fue cuando Cervantes contaba con 62 años. En esta ocasión llegaría hasta Barcelona para entrevistarse con el Conde de Lemos, con quien quería embarcar para Nápoles. Para disgusto del escritor, ya famoso por entonces, no llegó a verlo y no se embarcó, pero pasó unos meses en la ciudad empapándose de lo que allí acontecía, experiencia grata que más tarde utilizaría en la segunda parte del Quijote, en las Novelas ejemplares y su Persiles. Y aunque no llegó a verlo en Barcelona, el Conde de Lemos se convertiría en su mecenas desde 1613. A él están dedicada su últimas obras. 

«En el verano de 1610 nuestro gran escritor residió en Barcelona, y si lo hizo en lo que los barceloneses llamamos la Casa de Cervantes, no pudo disponer de mejor observatorio para lo que narró en Las dos doncellas y en los capítulos LXI a LXIV de la segunda parte del Quijote».





miércoles, 5 de febrero de 2025

"El hidalgo que nunca regresó", de Carlos Luria



«Así que Miguel no tuvo más opción que construirse una ilusión que, con el tiempo, lograría hacerle estar seguro y protegido: su hogar se encontraba allí donde su madre desgranaba sus historias, ya fuera en Alcalá, Córdoba, Toledo, Sevilla o en cualquier otra parte, junto al fuego en invierno o bajo la sombra de un árbol en verano. Miguel no amaba las casas, amaba los cuentos, el suyo era por tanto un hogar mágico, eterno y confortable, puesto que la voz de su madre también era todas esas cosas».

El hidalgo que nunca regresó de Carlos Luria es una novela cervantista de amor y aventuras. El autor aprovecha un hipotético acontecimiento aceptado por los biógrafos de Miguel de Cervantes: su estancia en Barcelona en el año 1569, cuando contaba con veintidós años. Según esta hipótesis, Cervantes llegó hasta la ciudad Condal huyendo de la justicia real tras un duelo en el que dejó malherido a un funcionario del rey. Desde Barcelona pasaría a Italia refugiándose en tierras del Papa y posteriormente se embarcaría en la flota comandada por D. Juan de Austria. 


Carlos Luria utiliza este episodio para ficcionar esta efímera estancia de Cervantes en Barcelona. Lo hace con acierto, tejiendo un romance de capa y espada con el propio Cervantes como protagonista.
El romance comienza cuando Miguel salva a una joven barcelonesa de un secuestro. Se llama Dolça y con ella vivirá una breve pero intensa historia de amor. Se trata de un amor imposible que marcará (en la ficción) la vida del escritor del Quijote, no en vano la musa de su inmortal personaje tomará el nombre de esta joven catalana cuando Dolça se torna en Dulcinea. La capa y la espada salen a relucir con la persecución de la que es objeto el futuro escritor por parte de Mateo Sigura, padre del joven malherido que lo persigue en busca venganza. Para redondear la novela, la trama se enmarca en los preparativos de la armada que combatirá a los turcos en Lepanto, con los intentos por parte de éstos de diezmar la flota española con atentados en el puerto de Barcelona. 

Con estos mimbres, Luria sumerge al lector en una historia narrada en dos tiempos. Por un lado el viejo Cervantes, con un pie en el estribo, recibe la visita de Rocamaura, un catalán que investiga lo que ocurrió tiempo atrás en Barcelona. El encuentro se produce en una taberna madrileña, donde Cervantes le habla de esto y de otras muchas cosas. Por otro, la propia narración de los sucesos barceloneses en el año 1569 que marcarían la vida del escritor. 


La novela está perfectamente construida, con un lenguaje rico, un tono preciso y un ritmo creciente que logra mantener el interés hasta la última página. El hidalgo que nunca regresó de Carlos Luria es una novela cervantista a la altura de su protagonista. 

«Por eso yo —dice Cervantes silabeando mucho las palabras— he tomado como bueno el ejemplo de Sócrates, y he intentado dar a don Quijote el mejor rasgo de mi humanidad, que es el de encontrar contento en los quebrantos, acomodo en la escasez y alegría en el aprendizaje. Y confiar en la suerte, aunque ande esquiva».