Como señala Juan Palau en el prefacio: «Esta colección tiene por objeto poner de manifiesto el grado supremo de la actividad y la nobleza humanas, para que los jóvenes, tan inclinados por instinto a admirar todo lo que significa esfuerzo viril y heroísmo, gocen en la lectura de los hechos magníficos engendrados por el amor a la patria, el severo sentimiento del deber, el valor personal, el desprecio del peligro, la noble ambición, la encendida religiosidad o las maravillosas creaciones de la inteligencia». Aquí se enuncian claramente los valores del nuevo régimen dictatorial establecido ocho años antes, tras la victoria de Franco en la guerra civil. A Cervantes lo enmarcarían en la última de las premisas citadas.
Manuel de Montoliu nació en Barcelona en 1877. Fue catedrático de literatura castellana en la Universidad de Barcelona y también lo fue en Buenos Aires en los años veinte. De familia aristocrática, Montoliu se posicionó en el bando franquista durante la guerra. Tenía setenta años cuando se publicó esta biografía, que no está entre sus obras más destacadas, pues seguramente fue un encargo de la editorial para llenar el hueco y aprovechar el centenario del nacimiento del autor del Quijote.
La biografía se centra en los episodios más conocidos del escritor, obviando por completo los más controvertidos, como la trifulca que le llevó a salir de España en su juventud. De hecho se saca de la chistera que «El cardenal Julio Acquaviva conoció en Madrid a Cervantes y prendóse de sus buenas cualidades de hombre y de escritor, y aceptólo gustoso en su servicio. Así fue como Cervantes , hecho camarero de Julio Acquaviva, salió de España para Italia en diciembre de 1568».
No tuvo que ser fácil para Manuel de Montoliu tapar al antihéroe de Miguel de Cervantes, a quien la mala estrella persiguió durante toda su vida, para destacar su heroísmo y su gloria. Es dudoso que su errante vida, con el duelo y posterior huida, el cautiverio argelino, las dos (tal vez tres) estancias en prisión, sus penurias económicas, y con una hija extramatrimonial de por medio, encajase en el modelo de ejemplo para la juventud que pretendían los próceres del régimen. Salvo su participación en la batalla de Lepanto contra los turcos, el heroísmo de Cervantes, y esto es lo que trata de resaltar Montoliu escondiendo todo lo demás, consistió en dedicarse finalmente a la literatura pese a todo.
En las páginas finales, el biógrafo catalán resume así la vida del autor madrileño:
«Cervantes pasó por el mundo obscuramente; tuvo sus amigos y adversarios como cualquier mortal; tuvo más desdichas que venturas y más penas que glorias, Tuvo también sus debilidades humanas y sus pasiones. Pero en medio de su vida agitada de soldado, de cautivo, de funcionario y de poeta menesteroso; en medio de su duro batallar con el destino, supo tener el heroísmo de resistir a los golpes de la fortuna y cumplió su misión, vertiendo por el conducto de su pluma, en sus obras inmortales aquel tesoro de que su cerebro era único depositario».
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