miércoles, 5 de febrero de 2025

"El hidalgo que nunca regresó", de Carlos Luria



«Así que Miguel no tuvo más opción que construirse una ilusión que, con el tiempo, lograría hacerle estar seguro y protegido: su hogar se encontraba allí donde su madre desgranaba sus historias, ya fuera en Alcalá, Córdoba, Toledo, Sevilla o en cualquier otra parte, junto al fuego en invierno o bajo la sombra de un árbol en verano. Miguel no amaba las casas, amaba los cuentos, el suyo era por tanto un hogar mágico, eterno y confortable, puesto que la voz de su madre también era todas esas cosas».

El hidalgo que nunca regresó de Carlos Luria es una novela cervantista de amor y aventuras. El autor aprovecha un hipotético acontecimiento aceptado por los biógrafos de Miguel de Cervantes: su estancia en Barcelona en el año 1569, cuando contaba con veintidós años. Según esta hipótesis, Cervantes llegó hasta la ciudad Condal huyendo de la justicia real tras un duelo en el que dejó malherido a un funcionario del rey. Desde Barcelona pasaría a Italia refugiándose en tierras del Papa y posteriormente se embarcaría en la flota comandada por D. Juan de Austria. 


Carlos Luria utiliza este episodio para ficcionar esta efímera estancia de Cervantes en Barcelona. Lo hace con acierto, tejiendo un romance de capa y espada con el propio Cervantes como protagonista.
El romance comienza cuando Miguel salva a una joven barcelonesa de un secuestro. Se llama Dolça y con ella vivirá una breve pero intensa historia de amor. Se trata de un amor imposible que marcará (en la ficción) la vida del escritor del Quijote, no en vano la musa de su inmortal personaje tomará el nombre de esta joven catalana cuando Dolça se torna en Dulcinea. La capa y la espada salen a relucir con la persecución de la que es objeto el futuro escritor por parte de Mateo Sigura, padre del joven malherido que lo persigue en busca venganza. Para redondear la novela, la trama se enmarca en los preparativos de la armada que combatirá a los turcos en Lepanto, con los intentos por parte de éstos de diezmar la flota española con atentados en el puerto de Barcelona. 

Con estos mimbres, Luria sumerge al lector en una historia narrada en dos tiempos. Por un lado el viejo Cervantes, con un pie en el estribo, recibe la visita de Rocamaura, un catalán que investiga lo que ocurrió tiempo atrás en Barcelona. El encuentro se produce en una taberna madrileña, donde Cervantes le habla de esto y de otras muchas cosas. Por otro, la propia narración de los sucesos barceloneses en el año 1569 que marcarían la vida del escritor. 


La novela está perfectamente construida, con un lenguaje rico, un tono preciso y un ritmo creciente que logra mantener el interés hasta la última página. El hidalgo que nunca regresó de Carlos Luria es una novela cervantista a la altura de su protagonista. 

«Por eso yo —dice Cervantes silabeando mucho las palabras— he tomado como bueno el ejemplo de Sócrates, y he intentado dar a don Quijote el mejor rasgo de mi humanidad, que es el de encontrar contento en los quebrantos, acomodo en la escasez y alegría en el aprendizaje. Y confiar en la suerte, aunque ande esquiva».





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