lunes, 23 de diciembre de 2024

"El Quijote de Wellesley", de Javier Marías



Uno de tus autores favoritos es Javier Marías. Decía que cuando un escritor fallece su obra no tarda en olvidarse. Javier Marías murió el 11 de septiembre de 2022 sin hacer ruido. Parece un tópico pero no por eso es menos cierto: un autor fallece pero sigue vivo en su obra. Ni qué decir tiene no olvidas a Javier Marías, ni a tantos otros escritores que ocupan mucho espacio en tus estanterías y en tu mente, y que ya no están pero siguen estando, como Paul Auster o Úrsula K. Le Guin o Philip Roth o Almudena Grandes, o Roberto Bolaño, por citar a unos pocos de los muchos que hay.


La escritura de Javier Marías te fascina, tanto en las novelas como en los ensayos. Sigues leyendo sus columnas como hacías cada domingo. Aquí descubriste la influencia del Quijote en Javier Marías, en parte por la traducción que hizo de joven del Tristán Shamdy de Sterne, que tanto le debe a Cervantes, y viceversa. Poco después descubriste con emoción que Javier Marías había publicado un libro titulado El Quijote de Wellesley. Que uno de tus autores favoritos tuviese una publicación sobre uno de tus libros favoritos era señal de que no podía faltar en el Cervantario.  

El Quijote de Wellesley recoge las notas de un curso sobre el Quijote que impartió Javier Marías en el Wellesley College de Massachusetts, una universidad peculiar por cuanto tenía (y tiene) un alumnado exclusivamente femenino. Casualmente (o no) aquí también enseñó su padre, Julián Marías, a principios de los años cincuenta, y donde el propio Javier vivió durante su primer año de vida. «Antes que mi padre —escribe Marías en la Nota previa—, habían enseñado también Vladimir Nabokov y Jorge Guillén. Mi familia ocupó el mismo piso que el poeta español, justo debajo del que en su día había ocupado el novelista ruso. Así pues no coincidí en el tiempo con ellos, pero sí en el espacio, que es el principal depositario del tiempo».
 
Javier Marías tenía 33 años cuando tomó las notas para dar este curso sin intención de publicarlas. Pero en 2016, con motivo del cuarto centenario del fallecimiento de Cervantes, alguien lo convenció. «Mi intención al publicarlo es no regatearle a Cervantes un solo homenaje, por azaroso y pobre que sea este». 
El libro recoge interesantes observaciones sobre cada capítulo del Quijote, de entre las que destaco una, aunque podrían ser otras muchas: «Observar que, cada vez que Don Quijote regresa a casa, se siente derrotado y es víctima de lo que podríamos considerar el lado melancólico de su personalidad. El verdadero sentimiento de derrota no lo tiene antes, sino después de estar de nuevo en su casa...». Seguramente fueron mucho más ricas las reflexiones de viva voz de las clases que impartió el joven Marías a aquellas alumnas norteamericanas de 1984 que situaban la Mancha por vez primera en el mapa. 

Escribe Marías en la Nota previa: «Lo que se ve a las claras es cuáles fueron mis intenciones en aquella lectura, y cuáles son mis motivos para considerar esa novela la más rica y compleja que jamás se haya escrito. Me temo que esos motivos míos no coinciden con los de la mayoría de mis colegas novelistas, pretéritos o contemporáneos. Si algo prueba la vigencia del Quijote es la infinita cantidad de lecturas que de él pueden hacerse, a menudo opuestas y contradictorias. Esta es la mía, que no ha variado sustancialmente desde 1984».



jueves, 19 de diciembre de 2024

"Misterioso asesinato en casa de Cervantes", de Juan Eslava Galán



Misterioso asesinato en casa de Cervantes 
de Juan Eslava Galán tiene como protagonistas a las mujeres del autor del Quijote y, por supuesto, al propio autor. Cervantes vivió rodeado de mujeres en los años en los que vivió en Valladolid: su esposa, Catalina de Salazar, su hija, Isabel de Saavedra, sus hermanas, Andrea y Magdalena, su sobrina, Constanza de Ovando, su vieja amiga, doña Juana de Gaitán, y una prima de esta, doña Luisa de Montoya. 

La novela de Juan Eslava Galán se basa en el trabajo del tobarreño Cristóbal Pérez Pastor, que transcribió y publicó el proceso que llevó a la cárcel de Valladolid a Cervantes y a su familia a mediados de 1605, tras el asesinato en la puerta de su casa del caballero Gaspar de Ezpeleta. Estuvieron un día y medio en la cárcel por orden del alcalde Cristóbal de Villarroel, más que suficiente para hacerles pasar un mal trago. Señala Andrés Trapiello en Vidas de Miguel de Cervantes, que aquel proceso no perseguía sino encubrir al verdadero asesino, que quedó impune. 

Juan Eslava Galán reconstruye aquel acontecimiento para mostrar un fragmento de la vida de Cervantes y de la España de principios del siglo diecisiete. Reinaba Felipe III, aunque el mando estaba en manos de su valido, el todopoderoso Duque de Lerma, quien fue capaz de mover los hilos para trasladar la capital a Valladolid para su enriquecimiento personal, lo que provocó que muchos de los que vivían en la corte madrileña, como Cervantes y su familia, se trasladasen también a la ciudad del Pisuerga. Aquí dio las últimas pinceladas a la primera parte del Quijote que sería publicado con enorme éxito a principios de 1605.  

La novela del escritor jienense está protagonizada por Dorotea de Osuna, una maravillosa detective encargada de resolver el caso del asesinato de Ezpeleta para limpiar el buen nombre de don Miguel de Cervantes y de su familia. Dorotea se mueve en los ambientes de la corte para la investigación, tanto en las alturas como en los bajos fondos, por lo que a veces necesita disfrazarse de Teodoro de Anuso —véase el juego entre los nombres—. Dorotea es una mujer inteligentísima y valiente. Se puede ver hablado de literatura con Cervantes, de alta política con Duque de Lerma, de la vida misma con Constanza o la Duquesa se Arjona, o defendiéndose con la espada del ataque de un matarife a sueldo que trata de liquidarla cuando las pesquisas van dando resultados.  

Misterioso asesinato en la casa de Cervantes es una novela de intriga y de aventuras, inteligente y divertida, que defiende el papel de las mujeres en la sociedad patriarcal de la España del Siglo de Oro. Las mujeres de la familia Cervantes —motejadas despectivamente como las "Cervantas" en el proceso—se salían de la norma por lo que estaban en boca de la maledicencia de las que vigilaban tras los visillos. La acusación de indecencia de una de estas beatas fue lo que las llevó injustamente a la cárcel. Dorotea, prototipo de mujer libre e independiente, intenta incansablemente que se haga justicia en todos los frentes. «La mujer si no crece en ingenio es como el árbol esmirriado porque no se riega, y tengo para mí que si educáramos a las hijas con la misma liberalidad y afán con que procuramos educar a los hijos, mejor irían los gobiernos de las familias y de las naciones. Por eso en nuestra familia ha sido costumbre que las mujeres aprendan a leer y a escribir, para que sepan ser libres y valerse.—Eso tengo por muy sabio, don Miguel —contestó doña Dorotea—. Lo mismo hicieron mis padres conmigo y por eso no soy menos que mis hermanos, sino que cada uno de nosotros tiene las potencias que le dio la naturaleza sin que medie ni estorbe en ello ser hombre ni mujer»  

Juan Eslava Galán reivindica en esta novela la importancia de los libros y de la lectura, y lo hace nada menos que por boca de Miguel de Cervantes: «Los libros no eran muchos y casi todos estaban fatigados de haber acompañado al escritor buena parte de su vida como su única hacienda y posesión.—Este es el verdadero tesoro que tengo al final de mis días y lo aprecio más que otro—dijo don Miguel—. Siempre he pensado que quien no lee tampoco alcanza conocimientos, y quien no alcanza conocimientos pasa por la vida como asno con anteojeras, solo siguiendo el camino que le marca el amo. Por el contrario, el que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho. Conocer nunca estorba y siempre ayuda».

 

lunes, 16 de diciembre de 2024

"Ladrones de tinta", de Alfonso Mateo-Sagasta



Miguel de Cervantes tenía 58 años cuando se publicó la primera parte del Quijote, en 1605, y 68 años cuando la segunda, en 1615, justo un año antes de su fallecimiento. Entre una publicación y otra ocurrió un hecho clave que influiría decisivamente en la aparición y desarrollo de la segunda parte, y es que en 1614 salió publicado un Quijote apócrifo firmado por Alonso Fernández de Avellaneda.  Tanta era la fama de las aventuras de don Quijote y Sancho que el tal Avellaneda se adelantó al propio Cervantes para continuarlas, cosa bastante frecuente en la época con los títulos de éxito. Lo extraño fue que el autor aprovechara para insultar y difamar a Cervantes. Y más extraño todavía: nadie conocía a Avellaneda. Pronto se descubrió que era un pseudónimo de alguien que no quería bien al autor del Quijote. Pero ¿quién se escondía detrás? Por aquel año de 1615, Madrid era el centro del mundo de las letras: si uno se daba un paseo por sus malolientes y cortesanas calles podía cruzarse con Miguel de Cervantes, Lope de Vega, Francisco de Quevedo o Luís de Góngora, lanzándose lindezas unos a otros; con Gabriel Téllez—que firmará sus obras como Tirso de Molina—, Luis Vélez de Guevara o Juan Ruiz de Alarcón, y con otros muchos no tan conocidos como Alonso de Contreras (el capitán Contreras) o con las sombra del escurridizo Jerónimo Pasamonte. 

Ladrones de tinta de Alfonso Mateo-Sagasta traslada al lector a los tiempos de Felipe III, a aquella España pintada con los claroscuros de un cuadro de Velázquez que todavía no es consciente de su decadencia: la riqueza que llega de Las Indias frente a la miseria que campa en sus pueblos y ciudades, el esplendor de la cultura frente a una Inquisición con la hoguera preparada, la diversidad étnica frente a la limpieza de sangre, el derroche y la corrupción de la corte frente a la picaresca para sobrevivir. Isidoro Montemayor es el detective protagonista de la novela. Con él nos movemos por las calles de Madrid, visitamos tugurios y palacios para cumplir con su misión: descubrir quién se esconde detrás del nombre de Alonso Fernández de Avellaneda. En este periplo, Montemayor, siempre con su Garcilaso bajo el brazo, se entrevista con muchos de estos escritores. Todos son sospechosos de estar detrás del Quijote apócrifo. Quien más y quien menos tiene algún motivo para lanzarle un dardo envenenado a Cervantes. 

Alfonso Mateo-Sagasta, como buen historiador, es minucioso y no deja cabo suelto. Isidoro de Montemayor se permite el lujo de repartir consejos e ideas a estos grandes, como a Gabriel Téllez, que le recomienda que firme como Tirso de Molina, o a Lope, que le regala la idea de la historia de Fuente Ovejuna para limpiar el nombre del duque de Osuna. Y es que el trasfondo político es importante: se vislumbra el final del valimiento de Lerma y hay una lucha de poder entre la casa de Osuna y la de Lemos, y los escritores no son ajenos a estas luchas. Necesitan a estos grandes como mecenas y en sus prólogos los halagan a unos o a otros. Cervantes está con el conde de Lemos (le dedicará su Persiles), Lope y Quevedo con el duque de Osuna. 

Isidoro Montemayor es un personaje fascinante, un medio hidalgo que luchó en Flandes y se gana la vida al servicio de Robles, un negociante con pocos escrúpulos que tiene diversos negocios, como un garito de juego o una imprenta. Robles es quien encarga la investigación a un Isidoro Montemayor que sabe moverse como pez en el agua por los ambientes literarios, pues es una especie de cronista encargado de publicar una gaceta con noticias de la corte. Precisamente su primera novela se titulará Ladrones de tinta y narrará sus aventuras en primera persona. Muchos años después, Alfonso Mateo-Sagasta encontrará por azar este manuscrito en el archivo de la casa de Cameros, y por supuesto lo transcribirá, como hiciera el propio Miguel de Cervantes con el manuscrito de Cide Hamete Benengeli que encontró en la calle Alcaná de Toledo.   

Ladrones de tinta es una novela estupenda con la darse un buen atracón. Su autor es historiador pero conoce el oficio literario y tiene talento para construir una novela dinámica, con intriga, aventuras y amores, todo acompañado de una ambientación portentosa. Las aventuras de Isidoro de Montemayor no acaban ahí, sino que Alfonso Mateo-Sagasta continúa narrando sus peripecias en El gabinete de las maravillas y en El reino de los hombres sin amor, aunque en estas ya no aparece el autor del Quijote.

jueves, 12 de diciembre de 2024

"El comedido hidalgo", de Juan Eslava Galán



Llevas tiempo disparando a todo cervantista que se pone a tiro. Sin duda, Juan Eslava Galán es pieza de caza mayor. El autor jienense se ha atrevido a novelar las dos ocasiones en que Cervantes estuvo preso, injustamente, todo hay que decirlo, primero en Sevilla en 1597, después en Valladolid en 1605. En aquella imperial España primero te metían en la cárcel y luego preguntaban. En El comedido hidalgo (1996) aborda la desventura sevillana; en Misterioso asesinato en casa de Cervantes (2015), la vallisoletana.  

El comedido hidalgo sitúa a don Alonso de Quesada, alter ego de Cervantes, en Sevilla en los años noventa del siglo XVI. Está en su puesto de Comisario de Abastos en tierras andaluzas. Por esas fechas  frisa los cincuenta y llega a Sevilla para resolver unos asuntos burocráticos. Allí se reencuentra con su viejo amigo Chiquiznaque, compañero de armas de Lepanto, y con doña Dulce, un antiguo amor cuyos rescoldos siguen intactos bajo la ceniza del tiempo. Estos asuntos llevan al pobre don Alonso a la cárcel sevillana durante varios meses. Paralelamente tiene lugar la historia de amor de Chiquiznaque con doña Salud, la esposa de Gaspar de Vallejo, que es precisamente el magistrado que lo manda a prisión, o la del propio don Alonso con doña Dulce, que despierta la animadversión de un rechazado pretendiente, el conde de Cabra. Acorralado por estos dos poderosos personajes, don Alonso echa mano de las pocas amistades que tiene cerca, sobre todo de Chiquiznaque que lo lleva a conocer los bajos fondos de Sevilla controlados por el capo Monipodio, capaz de torcer el brazo del mismísimo Inquisidor General.  Acompañan a don Alonso una serie de secundarios maravillosos como Aldoncilla, la criada de la pensión que se enamora perdidamente de nuestro apuesto manco, o don Florindo y el mulato Varejón que protagonizan junto al inquisidor Osorio la situaciones más hilarantes de la novela.  

El comedido hidalgo es una novela divertida, repleta de personajes y lugares cervantinos, y narrada a ritmo de aventuras, en la hay enredos y equívocos amorosos al más puro estilo del Siglo de Oro. Juan Eslava Galán, que no da puntada sin hilo, utiliza un lenguaje y unas expresiones propias de la época, tanto que a rato parece que uno está leyendo al mismísimo Miguel de Cervantes.  

 «En 1605 publicó una novela de cuyo título no quiero acordarme, que en poco tiempo cobró tal fama que hasta le hacían ediciones pirata. No sacó de pobre a don Alonso, que tal era su sino a lo que parece, pero le dio algunas satisfacciones en la vejez con las que alivió sus cotidianas pesadumbres. Las últimas palabras que escribió, en vísperas de su muerte fueron: “¡Adiós, gracias; adiós donaires; adiós regocijados amigos: que yo me voy muriendo, y deseando veros presto contentos en la otra vida!”. VALE»

lunes, 9 de diciembre de 2024

"Las vidas de Miguel de Cervantes", de Andrés Trapiello



Uno de los autores claves del universo cervantista es, sin duda, Andrés Trapiello. Buena prueba de ello es esta magnífica biografía de Miguel de Cervantes que publicó en 1993.
Escribe Trapiello:
«Cuántos caminos anduvo Cervantes, cuánta polvorienta trocha, cuánto sudor de agosto y cuántos hielos de febrero, cuánta arruinada venta, soledad y campo. Nadie en la literatura española habrá recorrido tantos kilómetros como él, visto tantos pueblos y dormido tantas noches al raso. Sabemos poco de su vida, es cierto. Pero podemos asegurar leyendo sus libros que en cada centímetro cuadrado de lo que habla puso el pie, sino el alma».



Las vidas de Miguel de Cervantes de Andrés Trapiello es uno de tus libros favoritos del cervantario. Se trata de una biografía que es pura literatura, en la que el biógrafo quiere estar a la altura del biografiado. Y, ciertamente, lo consigue. Andrés Trapiello analiza los datos, baraja hipótesis y desecha polémicas estériles para reconstruir la vida de Cervantes, haciéndola verosímil, humana y real.
 Son bien conocidos los grandes hitos de la vida de Miguel de Cervantes: su marcha a Italia, la participación en la batalla Lepanto, donde perdió la movilidad de la mano izquierda, que no la mano, el cautiverio de Argel durante cinco largos años, la hija que tuvo con Ana Franca, el matrimonio con la joven toledana Catalina de Salazar, su esforzado trabajo como recaudador de impuestos para pertrechar la Gran Armada, el injusto y "necesario para la posteridad" paso por cárcel, su dedicación postrera a la literatura, la estancia vallisoletana, la publicación del Quijote… Andrés Trapiello amalgama todo esto y mucho más parar ofrecer a los lectores un libro fascinante.



Podrías parafrasear todo el libro porque no tiene desperdicio, pero dejas esta breve muestra de la genialidad del escritor leonés: 
«Cervantes entró pobre en la Hacienda pública, hizo dinero en ella, le acusaron de ladrón y, cuando lo perdió todo, probó de nuevo fortuna con los libros. ¿Por qué razón nadie hasta hoy ha contado algo tan sencillo? Cervantes no es menos honorable por ello. No estamos sosteniendo que Cervantes fuese escritor porque fuese pobre, sino que la pobreza le ayudó a serlo. Lo fue a pesar de todo, pese, incluso, al propio Cervantes, al que vemos a menudo, como uno de aquellos profetas de Israel, huir de la Palabra, resistiéndose a su destino».
«Dicen los historiadores que de haber partido Cervantes a América, no habría escrito el Quijote. Pero es más cierto que de haber sido rico o haber tenido fortuna en sus negocios, tampoco».

jueves, 5 de diciembre de 2024

"Vida de don Quijote y Sancho", de Miguel de Unamuno




Ya se sabe que los centenarios los carga el diablo. Ya se habló aquí del cuarto centenario de la publicación del Quijote y de la explosión de eventos que hubo. Algo parecido ocurrió cien años atrás, en 1905, con motivo de la celebración del tricentenario, cosa de la que se hizo eco hasta Ortega y Gasset desde Alemania, y no para bien, en su epistolario. Por esas fechas el país andaba relamiéndose las heridas del desastre de Cuba, con un rey recientemente entronado , una clase política enredada en el turnismo, el caciquismo y la corrupción, y un grupo de intelectuales que denunciaban los males de aquella España nuestra. Entre ellos estaban los de la llamada generación del 98, con Miguel de Unamuno, Azorín, Valle, Machado, Baroja y otros tantos. 

Precisamente, los dos primeros aprovecharon la efeméride para publicar obras relacionadas con el Quijote, aunque Unamuno, en el prólogo a la segunda edición de Vida de don Quijote y Sancho, escribe que «coincidió por acaso y no de propósito», y que por tanto, añade, «no fue una publicación de centenario». Unamuno contaba entonces con 41 años y ya era rector de la Universidad de Salamanca, aunque su producción literaria y ensayística todavía estaba en ciernes: Del sentimiento trágico de la vida es del 12, Niebla del 14, Abel Sánchez del 17, La tía Tula del 21 y San Manuel Bueno, mártir del 30, por mencionar las más conocidas. 

Escribe Unamuno que lo que pretende en Vida de don Quijote y Sancho es exponer lo que la lectura del Quijote le sugiere, puesto que «ya es el Quijote de todos y cada uno de sus lectores, y que puede y debe cada cuál darle una interpretación». Unamuno aborda en este ensayo a don Quijote y Sancho Panza como figuras que van más allá de la ficción literaria, convirtiéndose en símbolos de una forma de entender el mundo. Don Quijote representa el idealismo y una lucha constante por dar sentido a la vida, mientras que Sancho encarna la conexión con la realidad práctica y el sentido común. Hasta aquí, no se sale del guion. Lo que te sorprende de este ensayo es la soberbia de un Unamuno capaz de enmendarle la plana al propio Cervantes en más de una ocasión, con la excusa de que la novela tiene una vida propia ajena al autor. El colmo de la vanidad del vizcaíno se aprecia cuando recibe una carta del traductor de la obra al inglés avisándole de un error y él le responde que el error no es suyo, sino de Cervantes a la hora de traducir el texto de Cide Hamete Benengeli. ¡Toma ya! 

Tras leer Vida de don Quijote y Sancho, te queda la sensación de superficialidad de un Unamuno que va comentando capítulo a capítulo, uno detrás de otro, en una sucesión que se hace eterna, haciendo comentarios, las más de las veces (se te antojan) improvisados, algunos traídos por los pelos, muchos hoy en día desfasados, como si estuviera comentando el Quijote a un colega en un café, o mejor, a un cura en la sacristía. Se mantiene más fresco el Quijote de Cervantes que esta obra de Unamuno, a la que el paso del tiempo no le ha sentado bien. 

Señala Unamuno que este libro (a la altura de 1913, que es cuando prologa la segunda edición) es el que más ventas había tenido de su producción hasta entonces. Para ti que Vida de don Quijote y Sancho sí que fue un producto de centenario, por mucho que se quiera zafar el autor. 

El ejemplar que forma parte de tu Cervantario es la edición que publicó Círculo de Lectores en 1966 en tapa dura, con esa portada en la que se olvidaron del pobre Sancho, dejando a un triste y solitario don Quijote.  

lunes, 2 de diciembre de 2024

"Dom Quixote", el Quijote portugués, traducido por Daniel Augusto Gonçalves y Arsénio Mota



Una muestra del éxito del Quijote es que tras su publicación en 1605 no tardó en ser traducido a otros idiomas, cosa de la que se hace eco el bachiller Sansón Carrasco en la segunda parte del Ingenioso hidalgo. En vida de Cervantes se tradujo al inglés en 1612 y al francés en 1614, y a lo largo de la centuria del diecisiete, al italiano, alemán y holandés. La traducción portuguesa no llegó hasta finales del XVIII, a pesar de que se había impreso en castellano varias veces en Lisboa. Cabe recordar que en tiempos de Cervantes, Portugal formaba parte de monarquía hispánica tras ser coronado Felipe II en 1580. Incluso el propio Miguel de Cervantes residió durante dos años en la capital portuguesa en busca de los favores del rey, que por cierto nunca logró, para fortuna de la humanidad. “Para galas Milán, para amores, Lusitania”, escribiría tiempo después. 

La explicación que se da a la tardanza en la traducción es que no era necesaria porque el público portugués leía y entendía perfectamente el Quijote y otros libros en castellano. La independencia portuguesa en 1640 contribuyó a que el castellano fuera alejándose paulatinamente de la vida de los portugueses, hasta el punto de que dejó de ser el segundo idioma en Portugal, sustituido por el francés que se convertiría en el “idioma culto” a lo largo del XVIII. Esto generó la necesidad de una traducción. La primera se hizo de forma anónima en 1794. La segunda, firmada a tres manos, se realizó en 1876. La comenzó el Vizconde de Castilho, la continuó el Vizconde de Azevedo y la terminó por Pinheiro Chagas. 

Dom Quixote, el Quijote portugués, traducido por Daniel Augusto Gonçalves y Arsénio Mota, lo compraste en agosto de 2005 en la Feira da Ladra, el mercadillo de Lisboa por excelencia, una especie de Rastro en el que no faltaban tuercas oxidadas, muñecas rotas y otras cosas inservibles. El Quijote, a lo que se ve libro de poca utilidad, estaba inmerso en una enorme montaña de libros que parecía preparada para una hoguera. De ahí procede este libro de portada negra con letras doradas que hoy reside en un lugar de la Mancha junto a otros compañeros de armas. 

De los lisboetas escribió Cervantes: “Son agradables, son corteses, son liberales y son enamorados porque son discretos; y que la hermosura de sus mujeres admira y enamora”.




Feira da Ladra, Lisboa, en agosto de 2005